Alemania ocupa una posición destacada en la agricultura europea: es el tercer país por superficie cultivada, tras Francia y España, y el segundo por valor de producción, solo por detrás de Francia.
El país cuenta con 16,6 millones de hectáreas de superficie agraria utilizada (SAU) y alrededor de 255.000 explotaciones, con un tamaño medio de 65 hectáreas. Se trata de un sector altamente profesionalizado, orientado a la mecanización, la eficiencia y la inversión tecnológica, y considerado un referente en innovación agroalimentaria. En 2024, el valor de la producción agrícola alcanzó aproximadamente 73.400 millones de euros, lo que refleja su relevancia económica en Europa.
En cuanto al uso del suelo, predominan los cultivos herbáceos, que superan el 70% de la superficie agrícola. Les siguen los pastos permanentes (28,5%) y, en menor medida, los cultivos permanentes (1,2%). Esta estructura explica el peso de los cultivos extensivos —como cereales y oleaginosas— y, al mismo tiempo, la importancia estratégica de la horticultura y de las producciones de mayor valor añadido, donde la demanda de riego eficiente, producción protegida, automatización y sistemas de control es especialmente significativa.
Baja Sajonia (Niedersachsen) destaca como región prioritaria al concentrar agricultura intensiva y un ecosistema completo de tecnología de sistemas agrarios (agrarsystemtechnik), con cadenas de valor integradas que conectan la producción primaria, la tecnología agraria y la industria alimentaria.
En esta región se ubica el Agrotech Valley, un entorno que integra empresas líderes y centros de investigación para desarrollar soluciones innovadoras y modelos de economía circular orientados a la eficiencia en el uso de recursos. Asimismo, se impulsa el smart farming —digitalización, monitorización y robótica agrícola— con el apoyo de centros de investigación aplicada como el COALA (Competencia de Ingeniería Agrícola Aplicada) de Baja Sajonia.
En conjunto, Alemania se consolida como uno de los entornos más sólidos de Europa para la agricultura y, especialmente, para la innovación aplicada al sector, gracias a su elevada adopción tecnológica y a un marco institucional y financiero que favorece la modernización y la competitividad.


